O t r o s   T i p o s
d e   l a
M i t o l o g í a   A s t u r
El Cuélebre: también de origen indoeuropeo (recuerdense las leyendas mitológicas de Jasón y el vellocino de oro o las de los dragones de Germania o la cristrianizada leyenda del combate de San Jorge con el dragón), es uno de los mayores misterios de la Región. Tiene el aspecto de una gigantesca serpiente-dragón, con terribles y mortíferas armas. Aunque muchos dirán que se trata de una visión deformada de los dragones medievales, el mito es mucho más antiguo y tiene sus orígenes en las desaparecidas creencias del pueblo Celta que habitaba por aquellos tiempos en estas tierras. La serpiente siempre ha sido el animal mítico por excelencia, guardian de los tesoros más preciados por el hombre, que son el saber y la tradición esotérica de su cultura, nada tiene que ver con los "tesoros" de oro y joyas que vienen recogidos en las tradiciones orales asturianas.

Los Cuélebres tienen lengua bífida y un cuerpo lleno de escamas, habita en las Cuevas y a el se le encomienda la tarea de guardar los mundos subterraneos donde habitan las razas ocultas a los ojos de los hombres. Estos accesos están, generalmente, ocultos pero hay casos en que las razas de los Pueblos Subterraneos buscan jovenes humanas para convertirlas en su gente y estas hacen compañía al Cuélebre en su reposo guardian dentro de las Grutas. Ellas con sus dulces cánticos lastimeros atraen a los pastores y viajeros que pasan por sus cercanías.

No se entiende muy bien este proceder, quizá en tiempos más lejanos buscaban contactar con los seres humanos, o tal vez, estas caprichosas gentes tenían otros motivos que no podemos conocer en la actualidad.

Los valientes que deseaban los tesoros ocultos en el interior de las cavernas debían matar primero al Cuélebre que moraba en su interior, muchas veces eran ayudados por las Ayalgas, pero otras veces debían enfrentarse solos a semejante prueba.

Los aventureros entraban en el interior de la Cueva y el Cuélebre detectaba su presencia en la oscuridad, nada puede evitar que la temible bestia despierte de su letargo secular. La sola visión del animal hacía palidecer, y muchos son los que al quedar paralizados por el terror eran devorados por la bestia infernal, otros de animo más templado, intentaban clavar su espada en la lengua del Cuelebre, única manera de acabar con su maléfico poder.


La Güestia: Es también un mito indoeuropeo, luego cristianizado, que procede del "hostis antiquus" (ejército diabólico). Es una de las figuras más fantasmagóricas de la superstición asturiana. En esencia se trata de una procesión de almas en pena, difuntos vestidos con túnicas blancas, llevando cada uno dos velas encendidas en la mano, aunque en otros lugares dicen que lo que portan son huesos humanos, van caminando en doble fila.

Se les suele ver abandonar el atrio de una iglesia rezando y aquel que va abriendo el cortejo va tocando una funebre campanilla.

El objetivo de la Güestia es llegar a la casa de u enfermo grave, rodearla tres veces en completo silencio y al terminar la última, lloran, apagan las velas y el enfermo muere pasando su alma a engrosar las filas de la Güeste, apareciendo su imagen en el ataud que portaban vacío cuatro de los espectros. La ronda suele durar siete noches y se oyen cánticos tristes.

La Güestia suele murmurar cuando pasa cerca de una huerta: - "Cuando éramos vivos, andábamos a figos, y ahora que somos muertos, andamos por estos huertos. ¡Andar, andar, hasta el tueru de la figar!".

Cuando alguien se cruza con ella se la suele oir decir: "Andai de día, que la noche ye mía".

En Asturias recibe varios nombres, así está la Güaspida, la Estantigua, la Huostiga, la Hostia Vaqueira.

Para evitar el peligro de pasear por la noche y encontrarse cara a cara con la comitiva, hay una serie de remedios:

- Como el peligro consiste en formar parte de la procesión de los muertos, se tiene que formar en el suelo el círculo de Salomón con una vara de olivo bendecida en Ramos, meterse dentro del círculo y no mirar ni salir del círculo hasta que la Güestia hubiera pasado.


Los Ventolines: En Asturias a los remolinos de aire se les ha llamado siempre ventolines. Estos remolinos estan cargados de propiedades mágicas. Se les representa como niños con cara de bebé, y, se dice, son mensajeros de los poetas enamorados. Calman en la noche a los niños que lloran. Vuelan a través del espacio y del tiempo para llevar al hogar el adios de la persona amada que muere lejos.
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